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Siempre que se celebra el aniversario del fallecimiento de Antonio Machado a alguien se le enciende la bombilla y propone su repatriación. En esta ocasión ha sido  Luciano Alonso , consejero de Educación, cultura y deporte de la Junta de Andalucía el que le ha visto punta a un entierro al más alto nivel del poeta sevillano. Es una idea  legítima, por supuesto, pero no se yo si acertada. Me explico.

Antonio Muñoz Molina en su excelente ensayo “Todo lo que era sólido” de Seix Barral cuenta  que durante una reunión con Jose Luis Rodriguez Zapatero  éste, hablando de otra cosa, hace mención de pasada a que tiene gente trabajando en la repatriación del poeta. Con esta referencia lo que pretendo indicar es que la cuestión de que los restos del poeta y su madre vuelvan a España lleva figurando en la agenda política oficial muchos años, sin que haya tenido resultados hasta el momento.

La vuelta de Machado sin duda sería un acto de justicia histórica pero , en mi opinión, quizás deberíamos plantearnos la cuestión desde otra perspectiva.

Machado cruzó la frontera hundido, triste, cabizbajo, derrotado, sin pizca de aquella sonrisa socarrona de hombre inteligente que nos regala en sus retratos; con su madre en brazos de su buen amigo Corpus Barga, el ensayista madrileño que les acompañó hasta el final. Quien sabe que hubiera sido de Antonio y su madre sin él en aquella huida terrible que fue el éxodo por los Pirineos.   Cuentan que Corpus Barga se enfrentó al soldado senegalés que custodiaba la frontera francesa exigiéndole que levantara la barrera ante aquel hombre, esquelético bajo su viejo gabán, para que pudiera atravesarla con el respeto que merecía su persona. Así escapó de su país el mayor poeta de España, empapado al igual que el pelo de su pobre madre, que no dejaba de preguntar si quedaba mucho para llegar a Sevilla.    Aquel que hizo rica nuestra lengua atravesó la frontera pobre como las ratas, con un par de maletas, un bastón y unos versos en el bolsillo donde recordaba los días azules y el sol de su infancia.

Nuestra historia es así de fecunda, (y de perra) cuando de arrojar a sus mejores hijos a la persecución y la muerte se trata, mientras enriquece y entierra en mausoleos a sus tiranos.  Eso también es “Marca España” registrada.

En Collioure (Francia), tan lejos de Sevilla, encontró descanso aquel hombre bueno  a su fatigado camino solo para morir de pena un mes más tarde, el 22 de febrero de 1939.   Su madre, Dña. Ana Ruiz Hernández, esa mujer a la que tanto debemos, – madre de Antonio y Manuel, esposa de Demófilo y nuera del gran Antonio Machado Nuñez, ¡ahí es nada!, –  le acompañó solo tres días después  sin que nadie se atreviera a contarle la muerte de su hijo.     Rafael Alberti cuenta en su autobiografía la profunda tristeza que sintió al conocer la noticia. La portada del ABC de Sevilla de ese día no se muestra tan dolida como el autor de “Marinero en tierra”,en ella un augusto busto de Franco con la leyenda “El glorioso Caudillo, recibe en Barcelona  homenaje por su alma sublime de español” le da la puntilla a la ironía histórica de aquel fatídico  febrero.  El día después de su muerte , cuando el mundo entero conocía ya la noticia , el mismo periódico presentaba en su portada una fila de soldados republicanos camino de los infames campos de concentración franceses “ El éxodo provocado por la horda roja: Una caravana interminable de milicianos rojos atravesaron el puente colgante de Boulou, en la frontera franco española”. Ni palabra sobre la muerte del mejor poeta de su tiempo.  En la España de la Oligarquía y de la Iglesia que estaba ganando la guerra no había lugar para el recuerdo, siquiera taimado, de sus enemigos y Machado era sin duda uno de los más peligrosos y decididos opositores de aquella vuelta a un país de tricornios, cerrojo y sacristía.  La Dictadura  con su  anti-política de la venganza secuestrará sus versos durante más de cuatro décadas. Demasiadas alusiones a la Libertad entre ellos como para no censurarlos.

ImagenEs cierto que a  José Díaz , ya en democracia, lo repatriaron al igual que a  Diego Martínez Barrios y gracias a ello hoy todo el que lo deseé puede ir a rendirles homenaje al cementerio de San Fernando, pero hay algo con Machado, como con Don Manuel Azaña que me hace dudar sobre su vuelta. Porque digo yo,  ¿acaso Sevilla se la merece?, ésta Sevilla gobernada por los mismos que marginaron a Cernuda por homosexual; la Sevilla que despreció a su padre Demófilo; la que no es capaz de nombrar ni una plazuela con el nombre de su abuelo que  trajo la luz del conocimiento evolutivo a España, mientras le da a una de sus principales avenidas el nombre de Mateos Gago, Canónigo fanático de la Catedral y furibundo opositor de las ideas darwinistas que no descansó hasta ver expulsado a Machado Nuñez de la Universidad de Sevilla.  ¿Esa Sevilla?.  ¿La Sevilla que se echa a la calle ante el cambio del nomenklator franquista que llevó a cabo el anterior equipo de Gobierno Municipal?, ¿la Sevilla que denuncia a una Concejal electa por hacer cumplir la ley de Memoria Histórica y evitar un homenaje al fascista Luis de Foxá en 2011?, ¿la que tumba una Biblioteca de la arquitecta iraquí Zada Hadíd para poder seguir disfrutando de un parque público como su cagadero de perros particular?.

 Me queda la duda sobre si esta ciudad se merece que tan insigne sevillano retorne a ella para su definitivo descanso.

Hay muertos como Antonio Machado que hacen más por las causas que defendieron mientras “les cubre el polvo de un país vecino” que criando musgo en San Fernando. Que retornara el genio de la lengua castellana (y su madre) quizás rompería parte del hechizo inmortal del poeta; esa magia que se percibe ante su imagen; ese sentido de peregrinación democrática que nos ha llevado a muchos y a muchas hasta su tumba en el cementerio de Collioure.

Mientras  Machado descanse en Francia no le faltarán ni devotos visitantes ni portadas de periódico cada 22 de febrero y, por contra,  puede que de estar en Sevilla se diluyera entre la anonimidad que otorga el reconocimiento público.

Además, ¿que quien nos dice que querría volver? A lo mejor Don Antonio después de entregarlo todo al servicio del país y recibir en pago tamaño maltrato querría cualquier cosa menos volver a España.  Podría ser. Puede que pobre y abandonado se quedara sin tinta en la pluma (como  sin ganas de seguir luchando se quedaba su corazón) y que a aquel “estos días azules y este sol de la infancia”  lo que le acompañaba no fuera una referencia melancólica a Sevilla, sino un “pueden irse donde el Olmo viejo y una vez todos allí juntitos irse a hacer puñetas ”. 

                Quien sabe, podría ser y nosotros aquí de mientras imaginando tonterías.

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La noticia la descubrí en andaluces.es,ese periódico digital que ha nacido hace poco para intentar romper la hegemonía de los medios conservadores en la información. El titular era claro, tajante, horrible, impensable; de esos que solo hay una manera de escribirlo, a pelo, porque no hay como suavizar o matizar el contenido que anuncia.

“Asesina a su perro atándolo a una piedra en la playa”

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No pude evitarlo, el icono del ratón se me fue directo a esa noticia a pesar que otras noticias resaltaban en la pantalla; pase de largo sobre la investigación en que se desvela los manejos en sobresueldos del líder de los Populares andaluces, Juan Ignacio Zoido, y de una absurda polémica (de esas que solo a la izquierda española se le ocurre acomplejada por nuestra coolísima transición)sobre si esta bien o mal que los actores de esa serie infame que es “Isabel” realizaron una ofrenda floral ante la tumba de los Reyes Católicos . Ya se sabe, tanto monta, monta tanto y tal.

Y a mi que lo que más me molesta es ese rollito displicente de amorío adolescente que se gastan en esa serie en vez de plasmar en condiciones como se gestó aquella “fusión empresarial” que fue la unión de Castilla y Aragón. Cualquier día aparecen los dos tortolitos ( tonta ella, tonto el) mandándose mensajitos por wassap. Aunque ni punto de comparación con ese engendro de “Aguila Roja” .Ya me contarán como se aguanta una hora de  un puñetero Ninja en medio de la España de los Austrias sin que te entren ganas de calzarte el coleto y plantarte en el plató a darles justicia de soga por las tripas al equipo de guionistas.

Pero si de colgar por las tripas se trata nada como al individuo que consideró como lo más apropiado atar a su perro a una roca de una cala perdida en Huelva y esperar que la marea alta acabara con él.

Aviso que hasta aquí llega mi prudencia y mi contención en este artículo.

En una entrevista escuche a Perez Reverte decir que había seres humanos por los que no movería un dedo para salvarlos pero que sin dudarlo mataría por un perro. Como se imaginarán le calló la del pulpo, aunque el autor de la saga Alatriste , polemista como el solo, se las apañó medianamente bien. Hay cosas en esta vida que solo te las puede enseñar un perro, y eso lo sabe aquel que ha tenido uno; no es animalismo político ni retórica ñoña, es un hecho empírico objetivo. Hay algo en esa mirada complice que se retrotrae hasta el principio de los tiempos, en que canidos y sapiens nos cruzamos, que convierte en un crimen espantoso abandonar a un animal noble como es el perro a esa muerte horrible. Se que la raza humana tendemos con naturalidad a la vileza, empezamos bien cuando nacemos pero al ir creciendo no se lo que nos pasa ( me lo imagino pero como esto  no es ni un artículo sociológico ni un texto marxista pues se lo ahorro) que terminamos convirtiéndonos en unos perfectos hijos de puta, pero hasta para eso hay distintos categorías y la del mierda que dejó a su perro atado a una cadena en la roca es de las peores.

Si eres de los que tiene la suerte, o la ha tenido, de entender lo que digo sabes que pocas cosas hay en el mundo como ellos. No hay compañía que relaje más que cuando te babean la pantorrilla mientras se dejan acariciar la cabeza, ni más grata. Sabes como yo que si de lealtad se trata ninguna como la de tu perro – de la que algunos humanos bien podríamos aprender algo- para él no existe eso de te aguantaré mientras tu dinero, tu fisico o propiedades aguanten, luego me buscaré a otra o a otro más guapo, con más pasta y un chalet en el centro. Que va. Para ellos eso de abándonarte porque viejo y achacoso ya no das el juego de antes no entra en las reglas; Al contrario, como cualquiera he tenido mis momentos malos y les puedo jurar que pocas cosas me fueron de más ayuda para recuperarme que esa lealtad tan conmovedora de sus ojos atentos, sus lengüetazos y esa narizota húmeda, atento al más mínimo gesto para corresponderte con el paroxismo de su rabo. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra.

Felipe Alcaraz en una de sus novelas dice “que el mejor amigo del hombre es un plato de huevos fritos con chorizo, el perro es otra cosa, un compañero de viaje”. Cuanta razón. Hace poco me enviaron unos amigo una foto de su primogénito, en ella me enseñaban como el recién nacido y su perra ( una labrador preciosa e inteligente llamada Nacha que es la niña de mis ojos) dormían placidos la siesta una al lado del otro. La muy jodía me mandó esa foto y no otra a sabiendas – es lo que tienen los amigos que te acompañan desde los 15 años, que conocen de sobra tus puntos débiles-,  que el detalle no me pasaría desapercibido. Mirándola no puedo dejar de pensar que es un niño afortunado. Primero porque podrá crecer aprendiendo la responsabilidad que representa tener que atender las necesidades de otro ser vivo a parte de las tuyas exclusivamente, y podrá disfrutar desde chiquito del placer de jugar con ella horas y horas, sin que nunca te pida un tiempo muerto, disfrutando de tu atención y el de la suya.

Y segundo porque crecerá seguro. Sus padres, usted y yo sabemos que no hay mejor protección que esa, en un mundo donde ni los infantes están a salvo para que algo malo le pasara a ese niño primero tendrían que vérselas con su guardiana, sin temores ni valoraciones de riesgos, para esa no hay medias tintas, nada de negociaciones con un posible atacante ni de valorar hasta donde se pone en riesgo el propio pellejo, “¿quieres algo con ese niño? Pues primero te las vas a tener que ver conmigo  y va a ser a muerte” pensaría seguro en caso de necesidad.

Hace poco una activista por los derechos humanos iraquí que estaba de paso por España me hizo el honor de contarme su historia, resulta que una noche su casa de Faluya fue asaltada por miembros de la policía de ocupación del país, buscaban – dijeron- a su hermano, integrante de la insurgencia. Fuera de la casa soldados americanos se aseguraban de que nadie se escapara de la casa; era de noche y entre los gritos, los ruidos de muebles rompiéndose y los focos de los hambys del ejercito americano seguro que todo el vecindario debía andar despierto.

Uno de los policías empezó a manosearle los pechos mientras otros reían, el pánico se apoderó de ella cuando la arrastraron a una habitación con claras intenciones de violarla. Gritó, pataleó, se resistió y pidió auxilio, llamó a todos sus vecinos pero nadie contestó, el ser humano es cobarde por instinto de supervivencia y frente a hombres armados más todavía. Entonces aquella mujer fuerte y digna, que hasta entonces me había relatado su dramática experiencia con el rostro serio y firme, dejó escapar unas lágrimas al recordar, entre sollozos, como solo su pastor alemán acudió en su ayuda y de como se enfrentó valiente, decidido, con esa lealtad absoluta de la que solo ellos son capaces, a aquellos miserables. Entregando su vida salvó la de aquella mujer. Juntando las manos como si aun pudiera sujetar entre ellas la cabeza de aquel animal, me contó como su perro moribundo, con más de 20 tiros en el cuerpo, aun tuvo fuerzas para lamer una última vez la cara que su ama, llorando desconsolada, mantenía pegada a la suya.

A menudo un perro acaba haciéndote mejor persona. Aunque por desgracia, también a menudo, tienen la desgracia de cruzarse con algún miserable de esos capaces de abandonarlo en una carretera o ahorcarlo en una encina cuando acaba la temporada de caza. Para  esos guardo un desprecio especial.

Yo no se si al desalmado que asesinó de manera tan cruel a su perro le caerá mucho más que una pequeña multa – ya que la guardia civil consiguió identificarle- visto el peculiar desprecio que el ordenamiento jurídico español reserva para el maltrato animal. Probablemente se quede en nada y tamaño hijo de puta se vuelva tan pancho a su casa a idear nuevas maneras de torturar a otro perro.

Lo que si que espero, y ojala leas esto, es que vivas muchos años, cabrón; que ninguna enfermedad te haga mella, pedazo de mierda;  para que cuando viejo e incapaz de mantenerte por ti mismo,alguno de tus hijos ( y espero que la genética en esto me eche un cable) razone con la misma mala sangre que tu y te tire desde el puente del Tinto con una bombona atada al cuello para que al menos, en tu muerte ( hijo de la gran puta) se le haga justicia a aquel pobre perro que nunca te mereciste.

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Ultimamente no lo veía tanto como antes. El verano terminó y con él las mañanas perdido entre las estanterías de la Biblioteca Infanta Elena la Tonta, allí coincidía con él. Lo que empezó siendo una serie de miradas furtivas del uno al otro terminaron convirtiéndose en miradas cómplices de reconocimientos mutuo.

Siempre impoluto, pantalón claro y camisa de algodón bien planchada, a veces complementado con un sombrero de verano o una gorra tipo tweed. Para mi la viva imagen de la elegancia, sobre todo en relación conmigo que como siempre desde que llega el calor iba en camiseta, pantalón corto y sandalias, uso de dos tipos, las que se conocen como hawaianas y unas abarcas típicas de Baleares que me compré en Menorca y que guardo como oro en paño.

La contemplación boyeurista mutua, casi clandestina,  intentando identificar el autor que cada uno leía dio paso a un cortes  “buenos días” cada mañana, tras dos semanas compartiendo las mismas estancias comunes en que coincidíamos tras dejar ese universo individual maravilloso en que te sumerge la literatura, se hacía indispensable un mínimo de cortesía.

ImagenEra mayor, un día por una de esas increíbles profesionales que trabajan en nuestra biblioteca pública y que maltratamos sin recursos, con un bajo salario y con recortes de uno y otro, me enteré que era viudo con una historia increíble por detrás.

Su mujer había muerto hacía poco,la compañera con la que había compartido su vida durante gran parte de su vida y viéndose solo decidió refugiarse en los libros. Solo aquel que es lector entiende de lo que hablo, se crea una extraña compañía entre la persona que lee y los personajes a los que va acompañando. ¿O son ellos los que acompañan a uno?, no lo se, quizás al “Maestro” como me gustaba llamarlo, en esos días uno de los libros que leí fue “Los enamoramientos” de Javier Marías en el que unos desconocidos entrelazan sus vidas y donde los primeros capítulos son una serie de descubrimientos personales entre unos personajes que no se conocen entre si pero al coincidir todas las mañanas en la misma cafetería se observan con familiaridad, y se llaman por apodos al no conocer el nombre de cada cual. Le encontré paralelismo a  la relación que estaba teniendo con mi compañero de las mañanas ardientes de julio y agosto así que decidí buscarle un apodo, me pareció correcto usar el término de maestro y siempre me quedé con la duda de cual sería el que, seguro, me habría dedicado.

El pasado martes me acerqué a devolver unos libros y volví a verlo, nos encontramos en la galería de la M-O sección narrativa, los dos asomamos una sonrisa al amigo que hace tiempo que no ves y él , elegante como siempre, volvió a saludarme con un buenas tardes, les juro que en mi cabeza lo vi continuar con un “como decíamos ayer” y me lo imaginé cual  Fray Luis de León volviendo a su cátedra de Valladolid tras cinco años de ausencia por el fanatismo inquisitorial de la Iglesia.

Le estreché la mano, me pareció correcto y conforme a las reglas que sin hablarlas habíamos establecido. En su mano un libro de Pio Moa, él debió ver en mi cara la decepción, se me estaba callendo un mito, una leyenda, un modelo. Colocó el libro en su estantería y con voz firme me dijo:

Más malo imposible, no he podido pasar del primer capítulo.

La leyenda renacía y tras darle de nuevo las buenas tardes nos despedimos, él espero que a seguir viviendo el final de su vida con dignidad y acompañado por la literatura; yo con la esperanza del reencuentro en verano en que enfundado en mis pantalones cortos y mis chanclas pueda volver a perderme, como ratón de Biblioteca, por mi particular estación de Pasión por la Catedral de las letras de Sevilla.