La alternativa que llegó el 22M

 

                Pasearse por Madrid acompañado por un millón y pico de personas, que quieren que les diga, tiene su puntito. Si además te encuentras rodeado por todo el amplio y plural espectro de la movilización social contra los recortes pues mucho más. Puede que los analistas de renombre tengan razón y el movimiento popular que tomó Madrid durante 24 h el pasado sábado 22 de marzo se quede, como tantas otras veces, en nada. Puede ser.

O puede que no.

Nunca como hasta ahora los consensos que formaban el corpus iuri de la transición habían estado tan tocados.  El modelo de protesta política en España también ha cambiado, evolucionado, mutado por la propia realidad que imprime la pobreza en que nos han sumido como sociedad.  La ausencia de perspectivas de futuro es un eficiente catalizador  de la protesta social, esa protesta hoy se expande más allá de los  márgenes que la mantenían encorsetada dentro de los dos sindicatos mayoritarios. La expresa, e indigna, voluntad desmovilizadora de CCOO y UGT representado en esa farsa de reunión del Gobierno con los agentes sociales en Moncloa buscaba una manifestación mucho más minúscula de lo que al final fue.  Sin embargo la oficialista claudicación de Toxo y Mendez a los que el gobierno les puede sacar  más facturas comprometedoras ( ¡¡ que os tienen cogidos por los huevos a base de recibís, imbéciles!!) tuvo un efecto contrario al deseado, efecto que se me antoja hasta esperanzador. Consiguió despertar el cabreo (ese arma política transformadora tan española) en gran parte de la militancia sindical que asqueada de sus dirigentes se unió a las Marchas. Hasta ahora en España CCOO y UGT eran los únicos capaces de meter un millón o más de personas (organizadas para conseguir un objetivo político) en Madrid. Esa era su fuerza y su legitimidad ante el poder del consenso oficial. El 22M eso cambió.

 

Hay quien dice que esto ha pasado  otras veces y que al final el Poder siempre gana. Bueno, puede ser.

O puede que no.

 

El gen de la protesta política en España no es el único que ha mutado. También la mentalidad de los agentes de las Unidades de Intervención Policial, bien porque algunos empiezan a disgustarse por ese papel de matones represores de la protesta social que les han asignado u otros porque no les dejan,  de momento , sacar las tanquetas y las lacrimógenas a la calle. Sea como fuere no es baladí que quinientos de ellos se concentraran ayer 23 de marzo frente al acuartelamiento de la UIP de Madrid en  contra de sus mandos policiales. Un fenómeno a observar porque  puede ser inmensamente positivo o tremendamente trágico.Imagen

–          La próxima vez que vaya el ministro, tanto cojones que tiene para mandarnos a nosotros. – Se les escuchaba protestar a alguno. – Antes que ver muerto a un compañero tiro de la pistola reglamentaria que para algo está.- Se escuchaba a otro.

La imagen del 22M mostraba una alternativa real, posible, constructiva, pacífica y unitaria al actual modelo cleptocrático que impera; imagen pues tremendamente peligrosa para la mafia que nos mal gobierna. De ahí que se hiciera urgente generar disturbios justo a la hora de la conexión con los informativos. Necesitaban una imagen negativa con la que mandar un mensaje, difamatorio pero inmensamente efectivo, a la ciudadanía, “o nosotros o el caos”. O los hombres de negro, corbata y tijeras o los muchachos de la capucha y el molotov parece decir la cobertura mediática de las Marchas durante y después, porque antes ha imperado la censura oficial en los medios de comunicación. Es un discurso falsario, reaccionario y antiguo pero les ha funcionado antes y posiblemente les funcione ahora. Puede ser.

 

O puede que no.

Puede que lo generado en la organización previa del 22M haya fermentado más allá de lo que las anteriores estrategias de comunicación de masas tuvieran estudiado. El uso de las redes sociales y el papel de las radios y televisiones comunitarias e independientes ha sido clave para romper el bloqueo mediático, cada cual desde su forma de entender la realidad con una persepectiva social, progresista y de izquierdas ha hecho como el colibrí en la leyenda aimara, cuando en medio de un incendio todos los animales escapan menos un pequeño colibrí que recogiendo agua con su pequeña trompa , una y otra vez, intenta apagar el fuego. Cuando el resto de animales le dicen que que está haciendo, que el fuego es imposible de detener el colibrí responde “Yo solo hago mi parte.” Cada cual hizo lo suyo, lo que le tocaba poniéndole todo el corazón, mojándose hasta mancharse y salió bien.

                Si de algo puede presumir el 22M es de pasión por la unidad. Se podía sentir ese espíritu de juntarse con toda y todo el que estuviera  dispuesto a caminar la primavera,  por eso es tiempo de generosidad también en las cúpulas,porque toda esa gente de la protesta social a los recortes que hasta ahora luchaba en su pequeña parcelita ha ido encontrándose con el resto en la calle, en la movilización, en el si se puede. Y toda esa gente, los millones que estuvimos en Madrid y los que no estuvieron pero  empujaban desde casa, han dado ese paso generoso;  evolucionando de esa resistencia social aislada  hacía una resistencia  política unitaria contra los recortes. Aquí radica la importancia histórica del 22 de marzo de 2014.

Que todo ese caudal creador tienda hacia una candidatura unitaria, plural y transformadora (ojo, no como meta sino como método) que lleve la protesta social al Congreso y  al Senado será la asignatura pendiente en los próximos años.Imagen

Julián Marías decía que la realidad siempre se venga del que no cuenta con ella.  De los sindicatos mayoritarios se  vengó el sábado. Toca observar, analizar , rectificar y aprender. El 22M rozamos con los dedos la alternativa, nosotros lo sabemos pero ellos, el Poder, también. El que no quiera ayudar al menos que no moleste a los que intentan hacer algo.

Degustamos por un día el néctar de los procesos populares que nacen desde la unidad de acción y es un néctar lo suficientemente dulce, exquisito, como para que se nos olvide de un día para otro.  Debemos estar a la altura de lo que reivindicamos en la calle, o la calle estará a la altura de lo que el país le demanda. Para que no haya una segunda transición que nos coloque a Felipe VI de Borbón debe haber antes una primera ruptura. Pacífica, en positivo, creadora. No se trata de quemar nada sino de alumbrar lo nuevo. Una revolución tranquila (a lo canadiense) que empodere a la ciudadanía y encorsete los desmanes de la oligarquía que ha provocado la situación actual.

Porque algo está cambiando en España, solo un necio o un redactor de un periódico español sería incapaz de verlo. Hace cinco años la tercera edad no era sino una molestia, población inactiva con la que no se sabía que hacer sino verla vegetar y chupar medicamentos.  Hace un año esos mismos ancianos con los que nadie contaban han tenido en jaque a todas las corporaciones municipales de Galicia, yo he visto a Alcaldes escapando por las ventanas de sus ayuntamientos porque los “yayofalutas” o los de las preferentes se empoderaron reclamando que se les devolviera el fruto del trabajo de toda su vida.  Puede parecer algo anecdótico pero es una muestra  de lo que se puede conseguir cuando este Pueblo decide reivindicar que no somos solo ciudadanos cada cuatro años para votar, sino siempre para gobernar.

Construir ciudadanía frente a aquellos que solo nos quieren como consumidores. es la tarea.

 

Algo está cambiando en España. Antes de la crisis  era imposible pensar en llenar Madrid con un millón y medio de personas reivindicando un modelo estatal, económico, político y social distinto al actual; ni monárquico, ni especulativo – rentista,  ni bipartidista, ni injusto con la mayoría social. Cuestionar la España salida de la transición no solo era impensable sino de zopencos, Y sin embargo el 22M aquel Madrid “rompeolas de todas las Españas” volvió a amanecer tricolor. La España de la cultura y el trabajo resistiéndose a morir una vez más.

Hay quien intenta decepcionarme por mi bien. Hay quien me dice que lo más seguro es que todo siga igual de mal como hasta ahora. Que el efecto del 22M se disolverá en las eternas y estúpidas parcelas individuales de poder político; que los de la protesta sindical se volverán a su lucha aislada en su parcela laboral; que los de la lucha contra los desahucios a sus escraches; los pensionistas y preferentistas a sus concentraciones; los medios de comunicación independientes a nuestras espacios de libertad mediática como aldeas galas de la información, y que los activistas por los derechos humanos se volverán a sus verjas de Ceuta y Melilla .

Me dicen, por mi bien, que el germen de la Unidad para crear un futuro diferente al asignado se esfumará y que algún día hasta los que vivimos aquel 22M en un Madrid otra vez republicano creeremos que fue todo producto de un agitado sueño de primavera.

Y puede que tengan razón.

O puede que no.

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