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La noticia la descubrí en andaluces.es,ese periódico digital que ha nacido hace poco para intentar romper la hegemonía de los medios conservadores en la información. El titular era claro, tajante, horrible, impensable; de esos que solo hay una manera de escribirlo, a pelo, porque no hay como suavizar o matizar el contenido que anuncia.

“Asesina a su perro atándolo a una piedra en la playa”

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No pude evitarlo, el icono del ratón se me fue directo a esa noticia a pesar que otras noticias resaltaban en la pantalla; pase de largo sobre la investigación en que se desvela los manejos en sobresueldos del líder de los Populares andaluces, Juan Ignacio Zoido, y de una absurda polémica (de esas que solo a la izquierda española se le ocurre acomplejada por nuestra coolísima transición)sobre si esta bien o mal que los actores de esa serie infame que es “Isabel” realizaron una ofrenda floral ante la tumba de los Reyes Católicos . Ya se sabe, tanto monta, monta tanto y tal.

Y a mi que lo que más me molesta es ese rollito displicente de amorío adolescente que se gastan en esa serie en vez de plasmar en condiciones como se gestó aquella “fusión empresarial” que fue la unión de Castilla y Aragón. Cualquier día aparecen los dos tortolitos ( tonta ella, tonto el) mandándose mensajitos por wassap. Aunque ni punto de comparación con ese engendro de “Aguila Roja” .Ya me contarán como se aguanta una hora de  un puñetero Ninja en medio de la España de los Austrias sin que te entren ganas de calzarte el coleto y plantarte en el plató a darles justicia de soga por las tripas al equipo de guionistas.

Pero si de colgar por las tripas se trata nada como al individuo que consideró como lo más apropiado atar a su perro a una roca de una cala perdida en Huelva y esperar que la marea alta acabara con él.

Aviso que hasta aquí llega mi prudencia y mi contención en este artículo.

En una entrevista escuche a Perez Reverte decir que había seres humanos por los que no movería un dedo para salvarlos pero que sin dudarlo mataría por un perro. Como se imaginarán le calló la del pulpo, aunque el autor de la saga Alatriste , polemista como el solo, se las apañó medianamente bien. Hay cosas en esta vida que solo te las puede enseñar un perro, y eso lo sabe aquel que ha tenido uno; no es animalismo político ni retórica ñoña, es un hecho empírico objetivo. Hay algo en esa mirada complice que se retrotrae hasta el principio de los tiempos, en que canidos y sapiens nos cruzamos, que convierte en un crimen espantoso abandonar a un animal noble como es el perro a esa muerte horrible. Se que la raza humana tendemos con naturalidad a la vileza, empezamos bien cuando nacemos pero al ir creciendo no se lo que nos pasa ( me lo imagino pero como esto  no es ni un artículo sociológico ni un texto marxista pues se lo ahorro) que terminamos convirtiéndonos en unos perfectos hijos de puta, pero hasta para eso hay distintos categorías y la del mierda que dejó a su perro atado a una cadena en la roca es de las peores.

Si eres de los que tiene la suerte, o la ha tenido, de entender lo que digo sabes que pocas cosas hay en el mundo como ellos. No hay compañía que relaje más que cuando te babean la pantorrilla mientras se dejan acariciar la cabeza, ni más grata. Sabes como yo que si de lealtad se trata ninguna como la de tu perro – de la que algunos humanos bien podríamos aprender algo- para él no existe eso de te aguantaré mientras tu dinero, tu fisico o propiedades aguanten, luego me buscaré a otra o a otro más guapo, con más pasta y un chalet en el centro. Que va. Para ellos eso de abándonarte porque viejo y achacoso ya no das el juego de antes no entra en las reglas; Al contrario, como cualquiera he tenido mis momentos malos y les puedo jurar que pocas cosas me fueron de más ayuda para recuperarme que esa lealtad tan conmovedora de sus ojos atentos, sus lengüetazos y esa narizota húmeda, atento al más mínimo gesto para corresponderte con el paroxismo de su rabo. No existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que su compañía fiel, la seguridad de que moriría por ti, sacrificándose por una caricia o una palabra.

Felipe Alcaraz en una de sus novelas dice “que el mejor amigo del hombre es un plato de huevos fritos con chorizo, el perro es otra cosa, un compañero de viaje”. Cuanta razón. Hace poco me enviaron unos amigo una foto de su primogénito, en ella me enseñaban como el recién nacido y su perra ( una labrador preciosa e inteligente llamada Nacha que es la niña de mis ojos) dormían placidos la siesta una al lado del otro. La muy jodía me mandó esa foto y no otra a sabiendas – es lo que tienen los amigos que te acompañan desde los 15 años, que conocen de sobra tus puntos débiles-,  que el detalle no me pasaría desapercibido. Mirándola no puedo dejar de pensar que es un niño afortunado. Primero porque podrá crecer aprendiendo la responsabilidad que representa tener que atender las necesidades de otro ser vivo a parte de las tuyas exclusivamente, y podrá disfrutar desde chiquito del placer de jugar con ella horas y horas, sin que nunca te pida un tiempo muerto, disfrutando de tu atención y el de la suya.

Y segundo porque crecerá seguro. Sus padres, usted y yo sabemos que no hay mejor protección que esa, en un mundo donde ni los infantes están a salvo para que algo malo le pasara a ese niño primero tendrían que vérselas con su guardiana, sin temores ni valoraciones de riesgos, para esa no hay medias tintas, nada de negociaciones con un posible atacante ni de valorar hasta donde se pone en riesgo el propio pellejo, “¿quieres algo con ese niño? Pues primero te las vas a tener que ver conmigo  y va a ser a muerte” pensaría seguro en caso de necesidad.

Hace poco una activista por los derechos humanos iraquí que estaba de paso por España me hizo el honor de contarme su historia, resulta que una noche su casa de Faluya fue asaltada por miembros de la policía de ocupación del país, buscaban – dijeron- a su hermano, integrante de la insurgencia. Fuera de la casa soldados americanos se aseguraban de que nadie se escapara de la casa; era de noche y entre los gritos, los ruidos de muebles rompiéndose y los focos de los hambys del ejercito americano seguro que todo el vecindario debía andar despierto.

Uno de los policías empezó a manosearle los pechos mientras otros reían, el pánico se apoderó de ella cuando la arrastraron a una habitación con claras intenciones de violarla. Gritó, pataleó, se resistió y pidió auxilio, llamó a todos sus vecinos pero nadie contestó, el ser humano es cobarde por instinto de supervivencia y frente a hombres armados más todavía. Entonces aquella mujer fuerte y digna, que hasta entonces me había relatado su dramática experiencia con el rostro serio y firme, dejó escapar unas lágrimas al recordar, entre sollozos, como solo su pastor alemán acudió en su ayuda y de como se enfrentó valiente, decidido, con esa lealtad absoluta de la que solo ellos son capaces, a aquellos miserables. Entregando su vida salvó la de aquella mujer. Juntando las manos como si aun pudiera sujetar entre ellas la cabeza de aquel animal, me contó como su perro moribundo, con más de 20 tiros en el cuerpo, aun tuvo fuerzas para lamer una última vez la cara que su ama, llorando desconsolada, mantenía pegada a la suya.

A menudo un perro acaba haciéndote mejor persona. Aunque por desgracia, también a menudo, tienen la desgracia de cruzarse con algún miserable de esos capaces de abandonarlo en una carretera o ahorcarlo en una encina cuando acaba la temporada de caza. Para  esos guardo un desprecio especial.

Yo no se si al desalmado que asesinó de manera tan cruel a su perro le caerá mucho más que una pequeña multa – ya que la guardia civil consiguió identificarle- visto el peculiar desprecio que el ordenamiento jurídico español reserva para el maltrato animal. Probablemente se quede en nada y tamaño hijo de puta se vuelva tan pancho a su casa a idear nuevas maneras de torturar a otro perro.

Lo que si que espero, y ojala leas esto, es que vivas muchos años, cabrón; que ninguna enfermedad te haga mella, pedazo de mierda;  para que cuando viejo e incapaz de mantenerte por ti mismo,alguno de tus hijos ( y espero que la genética en esto me eche un cable) razone con la misma mala sangre que tu y te tire desde el puente del Tinto con una bombona atada al cuello para que al menos, en tu muerte ( hijo de la gran puta) se le haga justicia a aquel pobre perro que nunca te mereciste.

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