Un ERE para la ingeniería social

Hacia tiempo que no escribía una entrada en el Blog, si les soy sincero la ausencia de originalidad en el escenario político y mediático sevillano ha sido tan manifiesto que no había con que darle a la tecla, pero eso lo ha cambiado el ERE en distintos medios de comunicación ( EL País, ABC, El Correo, y el último en el Diario de Sevilla) me ha decidido a recuperar el cuaderno de Bitácora del largo viaje que desemboca en los brazos de Penélope.

Hay momentos en la vida de una ciudad que todo el mundo identifica como importantes, de la clase de “yo estaba en tal sitio cuando Fulano hizo tal o cual”, seguro que Usted se acordará donde estaba el día que los trenes explotaron en Atocha o cuando el tanque Abrahams americano asesinó a José Couso en el Hotel Palestina de Bagdad.  A buen seguro que sabría decirme con exactitud donde se encontraba cuando se clausuró la EXPO 92, o en que cervecería andaba ultimando la última cerveza antes que Iniesta nos hiciera campeones del Mundo – justo antes de pasarse, reconózcalo, al JB de máquina-. 

La memoria colectiva la componen un millón de pequeñas memorias personales y la positiviza algún pelota. En la sociedad de la desinformación en que vivimos el pelota siempre es un periodista. Con perdón para el gremio en general.

Sin embargo hay instantáneas en los que una sociedad, sin saberlo o a sabiendas, se descompone pero no es capaz de percibirlo, momentos que representan un salto cualitativo – a peor-  en que se opera un cambio minúsculo, casi imperceptible, pero que afecta la calidad de vida democrática durante décadas. Una comunidad se corrompe en momentos que pasan desapercibidos, en los que no hay cuartel para el que corrige al poderoso, se alinea con el rebelde o reniega de la línea editorial que garantiza un plato de lentejas. Pocos son los que se arriesgan a seguir un camino que suele llevar al oprobio, al olvido. Los cementerios están llenos de gente que mantuvo la dignidad por encima de las prebendas. Yo no digo ni que sea bueno ni malo, me limito a escribir y Usted decida que opinión le merece. No se si entre estos dignos condenados al olvido podemos meter a Carlos Mármol, el otrora Subdirector del Diario de Sevilla, pluma milagrosa de la prensa escrita sevillana, gran gurú de “La Noria” espacio este que hacía las delicias de aquellos que creemos en una Sevilla extramuros que no se esconde entre tufo a incienso y patillas goyescas, una Sevilla que mira al futuro con la misma predecible rutina provinciana, que no es capaz de explotar su inmenso caudal cultural por corsés catedralicios que nos imponen censura y dogma. Mármol era un soplo de aire fresco – de libertad – entre metáforas malavenidas y reflexiones domingueras del ABC al calor de una la bata de guatiné que apesta a rancio y a gato.

Esto es lo que pasa con el ERE en el Diario de Sevilla y el despido entre otros de Mármol sitúa un lamentable escenario para la libertad de opinión e información en nuestra Comunidad Autónoma, purga se llamaba antiguamente cuando a los contrarios políticos se les eliminaba de la ecuación al no poder vencerlos. Purga en el Diario de Sevilla que busca asentar las bases de una operación mediática que lleve a Zoido a la presidencia de la Junta de Andalucía.

 

Es posible que no sea tal, pero es lo que yo creo. Solo hay que ver a quien , cuando y de donde se quita a los molestos, se promociona al mediocre y se prima al corrupto, al chivato.

 Algunos dicen que es que Mármol se estaba pasando ya en la crítica al Gobierno de la ciudad, no se muerde la mano que te da de comer y que te ha estado alimentando desde hace tiempo, aprender debería el resto de profesionales de la prensa escrita -o por escribir- de García Antolín, ese pelota, inculto de mala prosa. Antolín ha estado bien asesorado por sus amigotes del ABC de Sevilla, mercenarios bien pagados – en sobrecito que sale puntualmente de la sede de San Fernando- y que le explicaron la jugada.

– Mira quillo, aquí el que mas paga manda y ahora mismo ese es el PP, así que ya sabes, a cascársela al “jefe” que es el más sabe de esto que ya sabremos recompensarte como es debido. Tu eres la mejor pluma del Diario ( eso lo sabemos todos) – sobeteo por la espalda que quede bien untado- por eso el Jefe confió en ti para su libro. Que por cierto, ¡que libro!, una obra maestra, gloria de la prosa hispana del nuevo siglo, valuarte, y tal y tal… Mira que le dijimos a Javier que lo dejara en tus manos, que tu le creabas una buena biografía en un santiamén, pero nada, entre tanta golfa y tanta niña de Nuevas Generaciones soplándole la flauta al hombre le dio canguelo. En fin, te dejo que ese que está entrando es Don Antonio y no veas como se pone si no se le paga puntualmente lo suyo.

 

Basura que oculta tras el fantasma de la crisis algo muy peligroso. En Sevilla se está operando un proceso de ingeniería social cuyo único precedente es la Comunidad de Madrid. Gran parte del triunfo neoconservador en esta se debe al control de los medios de comunicación marginando a aquellas/os que no se pliegan al pensamiento único. Carlos Mármol encajaba en este paradigma y por eso lo purgan. 

Espero que no tarde mucho en encontrar otro espacio público desde el que aportarnos esa lucida idea de su Sevilla de a futuro, una Sevilla con la que yo no estaba siempre de acuerdo pero al menos generaba algo diferente entre tanta diarrea monocolor. De momento tendremos que conformarnos con botarates de la categoría de Paco Robles, camino seguro hacia el provincianismo intelectual de la ciudad y convertir la capital de Andalucía en un núcleo del caciquismo de derechas. La familia del Director del ABC de Sevilla, Sr. Ybarra, se enriqueció en los siglos pasados con ese método de control político de las mayorías, desde el Turnismo en el Partido Conservador la familia Ybarra – sectariamente Alfonsina ayer como Juan carlista hoy- hizo, deshizo y “mal hizo” mientras expandía su patrimonio. En el camino muchos intelectuales, artistas y librepensadores tuvieron que sufrir la persecución y el ataque sin posibilidad de defensa – no hemos cambiando mucho en siglo y pico en esta materia- de unos medios de comunicación convertidos en propagandistas de una falsaria conciencia colectiva en la que las opiniones contrarias, al modo de Carlos Mármol y otros/as , se hacían callar mientras meretrices de las élites incultas y fanáticas ocupaban, ocupan y ya veremos que pasa con el ocuparán, editoriales y columnas de opinión con los que compran palcos y conciencias.

 

 

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